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09/19/2017
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REFLEXIONES ACERCA DE LA psicodelia QUE LLEGÓDEL Bosforo

Ciertas historias resultan demasiado exóticas e improbables
para parecer reales, aunque acabaron influyendo a
millones de personas en todo el mundo. Precisamente,
esta es una de las más asombrosas que se han destapado
este año en relación con la música psicodélica, en el
sentido más amplio del género. Bienvenidos a un universo
sonoro fascinante que encaja a la perfección con
lo que decía George Clinton en la época de Funkadelic: “Free your
mind and your ass will follow”.
A principios de la década de los setenta, los hermanos Muammer
y Yavuz Uzelli abrieron una pequeña tienda en Frankfurt para vender
los productos cotidianos que los inmigrantes turcos echaban de menos
en Alemania. Sin embargo, entre las alfombras polvorientas, los
cuadros kitsch y las tazas de té decoradas con motivos surrealistas,
también podían encontrarse cintas de casete con la música que triunfaba
en las listas de éxitos de aquel país a medio camino entre oriente
y occidente. Ese establecimiento se convirtió en un lugar de peregrinaje
para decenas de melómanos turcos, que habían abandonado
su tierra en busca de mejores oportunidades laborales, y el éxito inesperado
motivó que sus dueños fundaran en 1974 un sello discográ-
fico bautizado con su propio apellido (Uzelli) para grabar a los artistas
que más les gustaban. Nadie podía imaginar que esa decisión les
cambiaría la vida para siempre.
Su público mayoritario estaba formado por expatriados que vivían
en diversos rincones de Europa y querían mantener el vínculo con su
cultura, aunque solo fuera a través de la música. Por este motivo,
Uzelli se consolidó como un referente underground que puso banda
sonora a los barrios obreros de muchas capitales cosmopolitas. Como
es evidente, aquellos casetes no podían comprarse en las tiendas de
música habituales, únicamente estaban disponibles en pequeños comercios
regentados por inmigrantes y a través de vistosos anuncios
en periódicos, que promovían la venta por correo. Muammer y Yavuz
se adaptaban sin problemas a las modas y a las demandas de sus
clientes, pero también crearon tendencia con algunos artistas, que se
alzaron como verdaderas estrellas en su país de origen.
En un giro empresarial impensable, Uzelli no se limitó a producir
y grabar canciones originales, sino que también se asoció con otros
sellos para distribuir sus lanzamientos más destacados. Incluso adquirió
los derechos de catálogos enteros que abarcaban desde folk y
arabesque, hasta taverna y música tradicional vinculada a la escena
más artística del Bósforo. En su momento de máximo esplendor, esta
discográfica contaba con más de 1.300 referencias y trabajaba con
unos quinientos artistas, incluyendo figuras consagradas y nombres
completamente desconocidos, pero siempre fascinantes a oídos del
público occidental.
Para asumir la enorme demanda de un mercado que ellos mismos
habían creado, los hermanos Uzelli pusieron en marcha en 1977 la
primera fábrica de casetes integrada de Turquía y se convirtieron en
uno de los mayores productores de música pop en aquel formato
analógico que empezaba a sustituir a los vinilos. Una década más
tarde, pasaron a ser el distribuidor oficial de Sony Music en el Medio
Oriente y en los años noventa, con la llegada demoledora del CD,
modernizaron su sistema de distribución gracias a una cadena propia
de tiendas de discos y de librerías en varias ciudades. Una historia de
éxito meteórica, que los llevó de regentar una tienda familiar a ser
propietarios de un pequeño imperio del sector del entretenimiento.
La evolución imparable de esta empresa ha llegado al ecosistema
digital gracias al empeño de Metin Uzelli, hijo de uno de los fundadores,
que ha tomado el relevo generacional para expandir la magia
de esta música en el mercado internacional. No en vano,
siendo un crío vivió el esplendor de la discográfica y
pasó muchas horas jugando en los almacenes de casetes
que marcaron un hito en la cultura de su país, aunque él
ya había nacido en Alemania y veía el mundo desde una
óptica completamente distinta. Incluso fue contratado
como el representante exclusivo en Turquía de la plataforma The
Orchard (una de las compañías norteamericanas de distribución de
contenidos digitales más potentes de la actualidad).
A pesar de que Uzelli siguió editando álbumes de éxito hasta bien
entrada la década de los noventa y lanzó al estrellato a artistas como
Esengul, Ferdi Tayfur y Gulcan Opel, las tendencias más fashion y el
auge de los disc-jockeys acabaron con su mercado tradicional. La
sociedad estaba cambiando al ritmo de la globalización occidental y
aquella música con ecos regionales no supo encontrar su lugar a
principios del siglo XXI. Sin embargo, el legado clásico de la discográfica
resulta demasiado tentador para quedar olvidado en el baúl de
los recuerdos y, este año, su heredero ha iniciado una nueva etapa con
la mirada puesta en la reedición de su extenso catálogo.

El primer lanzamiento ha sido Uzelli Psychedelic Anadolu, un
recopilatorio que abarca el período más prolífico de la empresa familiar,
desde 1975, en pleno apogeo de la cultura del vinilo, hasta 1984,
el momento dorado de la industria del casete. Una década frenética y
llena de claroscuros que representó perfectamente el caos social que
se vivió en aquella época en Turquía y que tuvo su momento álgido
con el golpe de estado del general Kenan Evren en 1980. No en vano,
los ciudadanos de ese país que se sentían ignorados y que nunca
habían prestado atención a la política, empezaron a tomar una posición
mucho más activa después del alzamiento militar y uno de sus
mecanismos de protesta fue conseguir que “su música” sonara a todo
volumen en el nuevo panorama urbano.
Ese contexto político transformó por completo la vida cotidiana de
la gente y, además, tuvo una influencia muy destacada en la cultura
y en la creación artística del país. Poco a poco, el rock dio paso a
otros géneros que ilustraban de manera más acertada la posición social
y económica de las generaciones más jóvenes. Por primera vez,
ciertas canciones eran el reflejo de un contexto histórico, de unos
sentimientos confrontados y de un estado de ánimo generalizado. De
manera asombrosa, la música psicodélica turca de la década de los
setenta mezclaba instrumentos modernos como la baglama eléctrica
y el sintetizador Moog, con las melodías tradicionales y las letras
más demoledoras. Una tendencia que alcanzaría cotas absolutamente
radicales una década más tarde, mientras el resto del mundo sucumbía
al poder catódico de la MTV y al heavy-metal de Sunset Strip.
Las canciones recopiladas en Uzelli Psychedelic Anadolu representan
un viaje apasionante a través de géneros como el rock, el pop
y el folk tradicional. Asimismo, son la mejor carta de presentación
para conocer a artistas turcos que rehúyen cualquier tópico, desde
celebridades de la escena psicodélica como Erkin Koray y Ünol
Büyükgönenç, hasta personajes oscuros como Kerem Güney. También hay espacio para bandas como Zor Beyler, Urfa y Akbaba, un
dúo que empezó actuando en bodas y acabó triunfando en escenarios
mucho más vanguardistas. Aunque el punto culminante de este álbum
es la participación de dos divas como Elvan Sevil y Nese Alkan,
ambas acompañadas por la Zafer Dilek Orchestra, cuyas voces redefinen
el concepto de balada románica y lo transportan a latitudes
mucho más exóticas.
Otro elemento revolucionario que aportó Uzelli a la escena musical
fueron las portadas absolutamente demenciales de sus casetes.
Unas obras que los diferenciaban de la competencia porque estaban
repletas de colores chillones, tipografías recicladas de magazines y
fotografías amateurs de sus artistas más emblemáticos. No es de extrañar
que su creador fuera Armagan Konrat, un pintor militante de
un partido de extrema izquierda que gozó de cierta reputación dentro

del movimiento del pop-art turco de aquella época.
Es evidente que los tiempos han cambiado, pero puede que ahora
sea el momento adecuado para reivindicar el papel tan relevante que
jugó esta música “psicodélica” hace cuatro décadas, puesto que la
inmigración vuelve a ser un tema de gran importancia en Europa y no
podemos permanecer impasibles ante los desafíos políticos y sociales
que nos ha tocado vivir. Sin olvidar la propia realidad de los ciudadanos
turcos, que también están enfrentándose a un momento decisivo
de su historia después del reciente intento de golpe de estado, que
pretendía derrocar al controvertido presidente Erdoğan. Puede que
los artistas de Uzelli tengan una imagen anticuada y que sus canciones
desprendan olor a incienso, pero su influencia sigue vigente
dentro de una escena local que vuelve a mirar al pasado para avanzar
con garantías hacia un futuro prometedor y sin ataduras dictatoriales.
Este recopilatorio es el primer paso de una aventura fascinante,
puesto que Metin Uzelli se ha propuesto abrir el cofre del tesoro y
reeditar todo el catálogo original del sello que fundaron su padre y su
tío en Alemania. “Aquellos álbumes son obras completamente desconocidas
por el gran público actual, sin olvidar las canciones que
nunca se editaron”, comenta en una entrevista reciente. “Se trata de
una mirada musical única a un período de agitación social que cambió
para siempre la historia de Turquía”. *